ACERCA DE ESTE BLOG



SI ERES AMANTE DE LA POESÍA EN ESTE LUGAR LA HALLARÁS EN TODAS LAS VERTIENTES QUE LA INSPIRACIÓN ME HA PERMITIDO.

ANDALUCÍA

Huelva, descubridora
Cádiz, la marinera
Sevilla, bailaora
Málaga, la cenachera
Granada, cristiana y mora
Jaén, olivarera
Almería, cautivadora
                    Córdoba, manantial de belleza                                                                                                                
ANDALUCÍA
     Huelva descubridora, Cádiz de plata tacita, Sevilla gitana y mora, Córdoba vetusta y mocita. Jaén oliva y flora, Granada alhambra morisca, Málaga arrebatadora y Almería en la brisa, ocho provincias te forman, preñada de historia, arte y melisma.


                             
Andalucía


     Por fandango te cantaría, con mis versos te arrullara, eres tan bonita Andalucía que mi corazón se abrasa, ante mi torpe grafía y mi desnudez del alma, que tan solo descansaría si con tu voz me llamaras.


Provincia de Huelva


     Orgulloso peregrino soy de tus suelos dorados, hollando los caminos de su polvo impregnado. Eres manantial de mi destino, eres mi sueño amado y quiero morir contigo para en ti ser enterrado.


ANDALUCÍA
Tierras de Andalucía,
de surcos sangrientos,
bajo sol del mediodía,
arropados por los vientos,
talleres de artesanía,
inmaculan tus adentros,
con rocas de fantasía,
y ayes de lamentos.
Lunas de torerías,
enjaezan tus arenales,
sobre casta feligresía,
de lutos pontificales,
poetas de escribanía,
empiedran tus calles,
y regueros de sabiduría,
forjan tus manantiales.
Lienzo de velas rizadas,
alabardas de tu hermosura,
setos de vegas granadas,
paradigman tu cordura,
níveas colinas alzadas,
flirtean en tu amura,
sobre valles de enamorada,
sobre rastros de amargura.
Verea de trazos errantes,
de alamares ensortijados,
entre añejos caminantes,
de este o aquel lado.
Sentimientos de cantes,
tus ríos han vadeado,
en un ir hacia adelante,
y sobre tiempos pacificados.
Sucesos ancestrales,
recuerdan tus leyendas,
por dorados trigales,
en lides o contiendas,
en canales de vanidades,
aprestan su componenda,
por si el foráneo no sabe,
que tú eres tremenda.
Vuelan tus ruiseñores,
por un éter satinado,
para sueño de pintores,
y sobre lienzos trazados,
en colorido de flores,
y de arroyos plateados,
en tierra de descubridores,
y para andaluz engendrado.

AIRES DE LABRANTÍAS
Vientos de labrantías,
que agitas los trigales,
bajo sol de mediodía,
por terruños ancestrales;
transportando alegorías,
de caudalosos manantiales,
por donde el sol refulgía,
para alejar oscuridades.
Lágrimas y sudores,
resecas a tu paso,
de hombros segadores
y más cansados brazos.
En agotados corazones,
por penumbras del ocaso,
y de tantas vejaciones
y salarios tan escasos.
Agitando a espigas,
de frutos granados,
paseando trillas,
entre polvos y granos.
Levantando semillas,
de surcos arados,
con espaldas que humillan,
la voz de un tirano.
Refrescando el calor
de un alma agitada,
que realiza al sol,
su dura jornada,
y riega con sudor,
y a veces con lágrimas,
el áspero dolor,
que producen sus llagas.
Silvas en libertad,
sobre carcelarias opresiones,
dejando en tu peregrinar,
angustias y desazones,
en ese animal,
llamado labradores,
que aunque es racional,
piensan que no son hombres.


SURCOS DE LABRANZA
Surcos de mi labranza,
de tonos claros morenos,
prietos en lontananza,
alborean desesperos,
socavando esperanzas,
de grises verdes terreros,
cuajados en mezcolanza,
de glamures albinegros.
Romos en su alegría
sobrantes de parda arena,
dónde el sol ponía,
aureolas de blanca pena,
impregnando los días,
de sensaciones nazarenas,
que al aire humedecían,
con dolorosos dilemas.
Romances de valentías,
agrietaron sus senderos,
descarnando fantasías,
de renaceres alfareros;
embragando poesías
de aspectos altaneros,
sobrados de gallardía
y postines plañideros.
Socavando caminos,
de manantiales resecos,
bajo vientos cansinos
y acomodados muy presto;
sorteando destinos,
de acaramelados sucesos,
altaneros y esquivos,
sin resultados ilesos.
Rocosos y enmascarados,
subliman pensamientos,
de cariños embozados
y plegados a tormentos,
de tanto acolchados
en ocultos lamentos,
furtivos, desesperados,
y por edad amarillentos.


LUCES DE LA ALBORADA
Luces de la alborada
que iluminas derroteros,
de brisas malhumoradas,
por pregones romanceros,
muestras ilusionada,
coloridos refraneros,
preñados de marejadas,
por altivos y cicateros.
Fragmentas oscuridades,
de peregrinos obsoletos,
prietos de vanidades
y de tonos amarillentos,
surgidos de oquedades,
de viejos emolumentos,
encauzado manantiales,
donde anidan contubernios.
Transformando en melodías
los susurros de los vientos,
u orquestando sinfonías,
de oscuros pensamientos;
esquilmando los días,
de agoreros discernimientos,
que el éter traslucía,
con someros fundamentos.
Sufriendo dentelladas,
de incisivos lobeznos,
en lunas ensangrentadas,
ante agrios estipendios,
por nubes emborronadas,
con humos soñolientos,
en vidas aherrumbradas,
por flatulentos asedios.
Rolando perverso,
tu brillo acerado,
por un universo
tal vez contaminado;
pudiente, creso
y a la vez amanerado,
o quizás más cierto,
un poco de asustado.


EL HERMOSO AMANECER
En la fría madrugada
el sol viene rompiendo,
para que su luna plateada,
presta se aleje huyendo.
Esquirlas de alborada,
surgen por el firmamento,
y de brisa perfumada,
que llega de mar adentro.
Huele a pan horneado
y a volutas de café,
el mundo ha destapado
sus auroras de satén.
El crepúsculo floreado
realiza su doquier,
sobre un mar calmado
que refleja el amanecer.
Sombras se difuminan
y la Tierra despereza,
al día que se avecina,
con su espléndida belleza.
Tras lejanas colinas,
la luz ya reverbera,
juguetona y andarina,
despertando a la sementera.
Los rayos del sol
al rocío desvanece,
magnificando el color,
de pétalos silvestres.
Disipando su frescor,
la noche languidece,
alejándose por el estribor,
de una claridad creciente.
El rojo colorido,
ya es intensamente azul,
la oscuridad se ha perdido
en el reino de la luz.
Un rayo desprendido,
realiza su trasluz,
con el vapor surgido,
del agua en su esclavitud.


EL VALOR DEL ÁRBOL
Árbol que fuerte y grande es,
primero fue débil semilla,
alcanzando su robustez,
tras largos años de vida.
Sin dejar de crecer,
aunque nadie los cuida,
llega hasta la madurez,
tras mutaciones seguidas.
Algunos son centenarios
y por ello mudos testigos,
del paso del calendario,
y de personas que han vivido.
De sucesos extraordinarios,
de otros más aburridos,
y hasta sustento diario,
por el oxígeno cedido.
Fonda o pensión,
de algunos animales,
regalan su valor,
a tantísimas catedrales.
Ofreciendo su verdor
y los humedales,
al hombre traidor,
que incendia sus oquedades.
Hombre y árbol,
tienen vidas paralelas,
porque aguantan los estragos,
de una vida pasajera;
pero sin embargo,
el segundo no se queja,
de los grandísimos daños,
conque el primero lo afrenta.
Del mundo es su pulmón,
pero ni por eso,
lo tratan mejor,
de convertirlo en leño.
Y lo que es aún peor,
sin ton ni concierto,
al talarlos sin pudor,
aunque sean muy ancestros.



LA BRISA
Brisa de la mar salada
que libremente navegas,
formando crestas al agua,
trazando espumosa estela.
Pones a la mar rizada,
con borreguiles escarapelas,
y las velas hinchadas,
a naves aún veleras.
Eres la ansiada,
de las tardes veraniegas,
ardientes y soleadas
donde el polvo se nos pega.
A la cara mojada 
donde el sudor nos chorrea,
de tanto acalorada
que el tocarla nos cabrea.
De la tierra abrasada
esa que aún humea,
al ser devastada
por horribles candelas.
O de la persona angustiada,
de dolor y pena,
porque su pobre alma,
se lamenta de reseca.
La brisa es un regalo
de la Madre Naturaleza,
es un viento manso
y de suma ligereza.
De suave trazo
y enorme gentileza,
para el pobre humano
que de suspirar no cesa.


ÁRBOL CAÍDO
En un mundo sin piedad,
pobre del árbol caído,
pues pronto engrosará,
el libro del olvido.
Su tronco vino a secar,
los afanes desmedidos,
y el apetito voraz,
de canallas descreídos.
Tan sólo un muñón,
recordará su existencia,
que el tiempo secó,
sin tenerle clemencia,
tal vez un leñador,
acuda a su presencia,
con la aviesa intención,
de eliminar la mala hierba.
También pudiera ser,
que sirva de solaz,
para el hombre de bien,
cansado de laborar,
o que cause desdén,
en algún animal,
y llegue hasta él,
para usarlo de orinal.
Un día lo arrancarán,
integrándose en el fuego,
y sus cenizas volarán,
en brazo de los vientos,
que las dispersarán,
por caminos y senderos,
donde nunca jamás,
se recordarán sus lamentos.
El humo de su candela,
al cielo llegará,
donde un hada buena,
tal vez lo recuperará,
para dejarlo en las estrellas,
o en nubes de cristal,
que reflejen la estela,
de su vida inmaterial.


CASTILLO
Es frecuente comprobar,
en esta o aquella colina,
presidiendo el lugar,
un castillo en ruinas,
sin importar su edad,
aunque se le imagina,
o si fortaleza real,
o nido de golondrinas.
Hoy tan sólo son,
recuerdos del pasado,
inertes piedras al sol,
entre pastos y ganado,
pero su viejo esplendor,
a veces es recordado,
tras la restauración,
que plagia su artesonado.
Cuánto sabrán sus paredes,
de cuentos y leyendas,
y por su alto relieve.
de lides y contiendas,
y todos en común tienen,
que fueron para defensa,
la erección de sus paredes,
torreones y almenas.
Al recibir visitas,
de niños y viejos,
en ellos suscitan,
recuerdos ya añejos,
en sus vistas bonitas,
se rememoran sucesos,
que sus piedras evitan,
escondiéndolos muy dentro.
Antes una bandera,
ondeaba en su torreón,
para que todos supieran,
que en él estaba el señor,
ahora eso es quimera,
tan sólo es un borrón,
de muchas piedras viejas,
que forman un montón.
Pero en sangre manchadas,
sangre de muchos valientes,
que por poca soldada,
luchaban hasta la muerte,
hoy ella está olvidada,
sin nadie que la recuerde,
pues sólo fueron mesnada,
sin don de nobles gentes.


CLARA ESTÁ
El viento impulsa la vela
y el aire impulsa a la brisa,
pero la mar no se queja
de que la calma sea chicha.
Una noche sin estrellas
es negra con avaricia,
porque la casta doncella,
más sueña que medita.
El horno esconde su fuego
y la fragua al calor,
y el animal que es ciego,
al desencanto y sinrazón.
Roto en añicos el espejo,
los trozos son un montón,
pero cuando era nuevo,
reflejaba luz y candor.
Pozo negro y sin fondo,
por qué no guardas tu mal,
que siempre queda rescoldo
aunque la herida sea mortal.
Y siempre hay un modo
y unas formas de hablar,
¡ay!, pobre caballo loco,
¿quién te impide cabalgar?.
Muy vieja es la grafía,
tanto como los tiempos,
pero qué gran osadía
sacar el totem del tormento.
Que las noches no son días,
ni mudos quedan los vientos,
que el sol sale y saldría,
para el guapo, feo o tuerto.
La cosa clara está
y si no, lee con detenimiento,
no creas que la felicidad
se guarda como un chaleco.
Y si esto no logras descifrar,
busca, acude a un maestro,
que te podrá enseñar,
lo que son los sentimientos.



EL VIENTO
Vientos de mar en calma
que cruzas los arrabales,
y las tenebrosas aguas
ocultas en profundidades.
Con luminiscencias del alba,
y en tinieblas siderales,
hasta el culmen de la nada,
donde nacen las espirales.
Preñado de lamentos,
ahítos de vanidades,
e inaccesibles sueños
que acotan necesidades.
Cruzas los elementos
de rigores terrenales,
llevando esos o aquellos
suspiros ancestrales.
Si por viejo eres maestro,
por fuerte quién lo sabe,
si la puerta de tu término
no la conoce nadie.
Son tus límites el universo
donde navegan los ángeles,
o esos odios extremos
relleno para tus aires.
Hay quien te llama viento
y otros huracanes,
porque sólo tú eres dueño
de la agitación de los mares.
Tras un acoso muy lento
o furia de vendavales,
eres para el mundo preso,
pero guardián de sus cárceles.
Prisionero de calma chicha,
irascible en tempestades
y parsimonioso en la brisa,
donde pululan tus amistades.
Sin que te afectan premisas
o importunen sinuosidades,
nada hay que se te resista
ni el que en caja te guarde.


ESPECTÁCULO
En una piedra me senté
y no por estar cansado,
del promontorio podía ver
un bellísimo espectáculo,
el campo era un vergel,
bajo un éter azulado
y tanto me reconforté
que aún no he olvidado.
La fragancia de la flor
con su bello colorido,
y el exuberante verdor
de los prados floridos.
Oí cercano un ruiseñor
y la melodía de sus trinos,
y el tenue fragor
de un manantial cristalino.
El susurro del viento
rozando la arboleda
y a sus copas moviendo
en sinfonía perfecta.
Vi animalillos tiernos
juguetear por las laderas,
el paraje era de ensueño
y mi mente aún lo recuerda.
El zumbido de la abeja
al libar sobre las flores
y a la humilde comadreja
persiguiendo roedores.
Bebiendo agua fresca,
observé dos gorriones
y dentro de una cueva
sus pequeños moradores.
De pronto me volví,
un cervatillo me observaba,
sin asustarse de mí,
dejó que me acercara,
un caramelo le ofrecí
y de mi mano lo tomaba,
y alejándose de allí,
en los árboles se ocultaba.
Pasaron las horas,
diría que perdí su cuenta,
lejos estaba la aurora
cuando comencé a bajar la cuesta.
La Naturaleza es hermosa
y poca atención se le presta,
por eso no luego, sino ahora,
debemos cuidarla a conciencia.


EL FANDANGUILLO DE HUELVA
Viento de la mar salada
que por Huelva llegas al Conquero,
sobre surcos de ría plateada
perfumando sus esteros;
silvas al son de guitarras
y por los aires choqueros,
modulando las gargantas
que de mi Huelva nacieron.
Amamantando su armonía
y estelas marineras,
mojadas en gallardía,
de la casta choquera;
paridos en la lozanía
de la mejor de las tierras,
los espacios surcarías,
para la impronta de Huelva.
Recubierto de fangos,
suspiros y galanuras,
al mundo vas mostrando,
la exquisitez y la hermosura,
del inigualable fandango,
que en los anales figura,
por el grandioso rango,
que ha cuajado en las alturas.
Entre valles mineros,
con ardores de serranía,
surcos llaneros,
dolores y alegrías;
aires marineros,
de Santuario y ría,
por campos alosneros,
jarales y valentías.
Por choquera y hermosa,
Huelva cuna del fandanguillo,
cual pétalos de rosas,
son todos tus estilos,
las luces de la aurora,
esparcen los estribillos,
de mi Huelva trovadora,
la de insuperable tronío.



LAMENTOS DE ANDALUCÍA
Pobre y triste jornalero,
tú que pasas por la vida,
recogiendo del suelo,
la siembra de tu comida,
arrastrando desesperos,
por ya viejas heridas,
al sentirte pordiosero,
en tu tierra prometida.
Donde la mies es escasa
y más aún el dinero,
a pesar de madrugadas
y desgastados aperos.
De yunta enganchada,
tras albores mañaneros,
y suspiros de alboradas,
por quebrantos arrieros.
Ante espigas granadas,
bajo lluvia de los cielos,
y cosecha devastada,
por los fuegos traicioneros;
o soportando plagas,
de vecinos cortijeros,
que te niegan el agua,
siendo tuyo el sumidero.
¡Ay!, lamentos de Andalucía,
¡ay!, tierra de mis ancestros;
¿dónde está tu gallardía,
a dónde fueron tus dineros?.
Poetas de jerarquías,
plasmaron en sus sonetos,
que tu sangre succionarían,
capitales extranjeros.
Lágrimas y sudores,
han germinado en la era,
de tantos y tantos segadores,
que cruzaron tus veredas,
a cambio de sinsabores
y escasísimas monedas,
¡ay!, tierra de mi amores,
yo te escribo de mi Huelva.


LIBERTAD
La palabra libertad,
la usamos a conveniencia,
como si fuera vanal
o carente de consistencia,
aunque su uso no es igual,
para según qué inteligencia,
y la forma de pensar,
de la boca que la expresa.
Si el papel todo lo aguanta,
a ella le ocurre lo contrario:
la sutileza se le atraganta
y el gesto insolidario;
o el de esas gargantas
con su abuso diario,
de intentos de encerrarla
en sus gustos planetarios.
Puede que sea desconocida
por según qué gente,
que le dan la bienvenida
como a copa de aguardiente,
asediando su guarida,
con falsos torrentes,
de berborrea enloquecida
en flujos incontinentes.
Su esencia no es dúctil
cual masa de pan,
tan fácil y útil,
que se deja ahornar,
ni lisiado inútil
que se tiene que arrastrar,
o salir haciendo mutis
de un foro sin hogar.
Libertad, libertad,
paloma mensajera,
estrella polar,
de sueños y veredas,
tan a veces fugaz
como tan duradera,
yendo de aquí para allá,
como en noches de verbenas.


LUCES DE LA ALBORADA
Luces de la alborada,
color de intenso fuego,
presagio de azul mañana
y primaverales ensueños.
Surges de entre la nada,
brotas de efluvios muy negros,
y de bóveda estrellada,
en la inmensidad de los cielos.
Rizos de tu madrugada,
surcan campos etéreos,
sobre espigas granadas
mecidas en suaves vientos.
Llegas apresurada,
y con tu manto disolviendo,
esas oscuras marañas,
que encierran los pensamientos.
Por brumas acompañada
y reflejos mañaneros,
silueteas el alba
en los espacios terrenos.
Grácil y enamorada,
reverberas los comienzos,
de esa luz desesperada,
en hacer correr los tiempos.
Siempre serás pintada,
sobre bellísimos lienzos,
por ser abanderada,
de caminos sedientos.
La más deseada,
de peregrinos hambrientos,
con claustrofobia en el alma,
por incontinentes tormentos.
En la noche te dejabas,
el manantial de los sueños,
airosa y gallarda,
sin rival en el contento.
De tan efímera dama,
e ilusos desaciertos,
de tinieblas ilusionadas,
en horadarte los cimientos.



A MI HUELVA
Sol que en la mañana reverberas,
cómo oculto has podido estar,
si ya sabes que aquí te espera,
primoroso vergel para alumbrar,
Huelva la llamada también choquera,
te entrega su cielo para volar,
tú ya sabes que es muy hermoso,
tú que en todo eres codicioso.
A la luna también la desespera,
cuando tu luz la hace palidecer,
y eclipsarte por siempre quisiera,
para borrar tan bello amanecer,
sabe que Huelva no tiene fronteras,
que tiene un hermoso atardecer,
que un buen día desplegó sus velas,
y al mundo enseñó su estela.
Huelva pequeñita y marinera,
famosa por su fandango valiente,
Huelva eres eterna primavera,
novia de los mares de occidente,
llevando a gala en tu bandera,
que nos hiciste lo más sorprendente,
por eso te proclaman los luceros,
por eso te dicen: cuánto te quiero.
Posees la más bella alborada,
que universo hará resplandecer,
de poetas eres tan deseada,
por tu esplendoroso reverdecer,
porque no hay flor más delicada,
que en jardín hiciera Dios florecer,
nadie dirá que lo bello conoce,
si sus pies no llevan tu lindo roce.
Contemplando tu ría plateada,
en sus claras aguas se llega a ver,
con tanta hermosura reflejada,
lo que sólo el Edén podía tener,
y de la que está enamorada,
sin que pretenda dejarla de querer,
precioso querubín de la mañana,
aurora que tu cielo engalana.


ANTIGUA ONUBA
Tiene la luz de los mares,
con perfumes de primavera,
y colores de azahares,
y la gracia por señera,
le fluyen a manantiales,
como la sal marinera,
y estigmas especiales,
que lleva en su bandera.
El Tinto y el Odiel,
formaron sus esteros,
regando su vergel,
con aires marineros,
impregnándole la piel,
puentes y varaderos,
y aquel lejano cordel,
descubridor de mundo nuevo.
En la ría plateada,
se refleja su hermosura,
y la mar enamorada,
siempre anhela su lisura,
llorando desesperada,
por tocarle su estructura,
con la luna reflejada,
en tan linda envergadura.
El viento trae un cantar,
preñado de lamentos,
con esquirlas de coral,
y luz del firmamento,
impregnado en el mar,
se mete en sus adentros,
llegando a anidar,
en el corazón de su talento.
Talento que ha florecido,
del crepúsculo a la aurora,
cuando el sol ha salido,
o la tarde ya se escora,
por tus hijos transmitido,
porque eres precursora,
de un saber reconocido,
y que todos te valoran.
¿Y qué nombre te pusieron?,
¿cuál es tu identidad?,
¿de qué pasta te hicieron,
para ser tan especial?;
los fenicios decidieron,
Onuba la inmortal,
¡ése fue el primero,
ahora ya no es igual!.
Huelva la choquera,
semilla del sol naciente,
querubín de la esfera,
que guarda los continentes,
coqueta y marinera,
madre de hombres valientes,
que al mundo estremecieran,
con naves al occidente.
De la costa de la luz,
eres princesa hermosa,
eres la novia del sur,
por guapa y primorosa,
carente de similitud,
tu enjundia es tan gloriosa,
que no hay mejor glamur,
ni tierra más maravillosa.
Tanto te ama el sol,
que en ti quisiera morir,
brindándote su color,
de rosas, pinos y añil,
amalgama de fulgor,
en un hermoso rubí,
por eso eres la mejor,
por eso se enamoran de ti.
Eres reina de los mares,
y del sentimiento profundo,
lo dicen estos cantares,
dando la vuelta al mundo:
"Huelva tiene manantiales,
sobre trigales fecundos,
casta y gentes especiales,
para enseñar nuevo rumbo".


PUEBLECITO ABANDONADO
Allá por la serranía,
refulgente de cal,
reflejado en su orografía
y bañado en azahar,
el pueblecito presumía,
bajo la luz solar,
de pasadas gallardías,
paz y tranquilidad.
Inhabitadas sus viviendas
y por ello sin habitantes,
que rotularon su senda,
haciéndose emigrantes,
en busca de la puerta,
que oculta los diamantes,
espigas de la cosecha,
que les mitigara el hambre.
Abandonando sepulturas,
de seres queridos,
familias y cunas
y sueños retenidos;
aparcando amarguras,
de pasos perdidos,
y sombras de lunas,
en busca de otros nidos.
Dejando silentes,
las viejas campanas,
de iglesia sin gente
y rota espadaña;
brotando simientes,
de raíces extrañas,
por hierbas crecientes
en forma de vallas.
El viento recorre,
sus calles vacías,
también a la torre
piedras se le desprendían.
La hiedra corroe,
toda su anatomía,
dejando al pobre,
envuelto en su alegoría.



SENTADO BAJO LA ARBOLEDA
En la frondosidad del valle
y al pie de su arboleda,
me senté una tarde,
que muy calurosa era;
en silencio tan grande,
parecióme oír una cantinela,
como si alguien, 
de mí cerca estuviera.
A la tristeza exaltaba,
aquella voz desconocida,
y aunque no sabía dónde estaba,
notábase muy dolorida,
intenté localizarla,
pero, tarea perdida,
y aunque me puse a llamarla,
su respuesta fue la huida.
Me adentré en la espesura,
pero todo era silencioso,
sin hallar rastro de la figura,
de sonidos quejumbrosos.
En las alturas,
lucía un sol esplendoroso,
pero un hálito de amargura,
surgía de lo más frondoso.
La hierba estaba mojada,
sin apenas haber llovido,
el suelo resbalaba
y barro había aparecido.
Pero nada escuchaba,
aunque agudicé el oído,
a nadie encontraba
y esto me tenía confundido.
Mas de pronto comprendí:
¡claro!, era la Madre Naturaleza
la que tan cerca de mí
manifestaba su tristeza.
Era el mes de Abril
las llamas rugían con fiereza,
y quizás no lejos de allí
fragmentaban su corteza,
tratando de impedir,
que mostrara su belleza.
Por fin entendí
que el hombre, es la peor de las bestias.


SURCOS DE MI ANDALUCÍA
Campos de Andalucía,
de prietos surcos morenos,
cuajados de gallardías
y de albores marineros;
manantial de fantasías,
surcan espacios etéreos,
por valles de artesanías,
bajo el azul de tus cielos.
Grandiosidad de hazañas,
a tus tierras abanderan
y las hermosas mañanas
que tus campos alborean,
brotando de tus entrañas,
sabias que renuevan
a las cimas de tus montañas,
donde el sol pastorea.
Sonidos de tus gargantas,
los mundos han recorrido,
porque nadie los canta,
con verbo más florido;
olas de mar en calma,
velan sueños dormidos,
para despertar el alma,
de tus logros conseguidos.
Tierra de hombres valientes
y de mujeres hermosas,
de flamenco y aguardiente
y ciudades primorosas;
de trigales refulgentes
y colores de amapolas,
de luz incandescente
en las preciosas auroras.
Tus gentes llevaron velas,
por rutas desconocidas,
y la Historia lo recuerda,
mostrándose agradecida;
pusiste tu bandera,
en tal alta medida,
que no hay en la esfera,
ni igual o parecida.


TRABAJO
Piensa tal vez el labrador,
que su trabajo es duro y solitario,
bajo las inclemencias del sol,
y por un paupérrimo salario,
realizando un esfuerzo agotador,
que debe ser siempre a diario,
hay que cuidarlo más y mejor,
para conseguir un escaso muestrario.
Piensa el hombre de la mar,
que su tarea es agotadora,
siempre navegar y navegar,
siendo sus aguas tan traidoras,
a veces sin poder pescar,
otras, no es muy prometedora,
siempre buscando de aquí para allá,
sin tener en cuenta las horas.
Lleva en su cara preocupación,
cuando el minero baja a la mina,
el pozo es más negro que el carbón,
y su oscuridad le presagia ruina,
sólo piensa en su próxima ascensión,
a la tierra que el sol ilumina,
como no tiene mejor solución,
entre sus oscuras galerías camina.
El parado clama y se desespera,
porque busca, busca y no halla,
pensando si será una quimera
ya que, sólo consigue promesas vagas,
siembra una extensa sementera,
sabiendo que haga lo que haga,
su huerta no será la primera,
aunque él no le pusiera vallas.
Todos esperan que llegue la ocasión,
de que la fortuna les cambie la vida,
en algunos se convierte en obsesión,
aunque tenga la esperanza perdida,
sueña con gran determinación,
de que sus plegarias sean oídas,
o a la suerte hace imprecación,
cuando ve que no son correspondidas.
Nadie parece estar contento,
siempre hay motivos de queja,
nadie parece estar satisfecho,
con lo que la vida en casa deja,
sólo se escuchan lamentos,
como si preso tras de su reja,
esperase su desencarcelamiento,
e inquietud su rostro refleja.


CANTAORA DE TRONÍO
Huelva es egregia cuna
de un cante sin igual
y de una mujer genial,
por su arte y galanura.
Su voz es plena majestad,
sentimiento y dulzura,
es cual fruta madura,
exquisita al paladar.
Es cual espiga al viento
mecida entre amapolas,
blanca espuma de olas,
que navega en mar abierto.
Es una espléndida corola,
de pétalos sangrientos,
es Victoria cantaora,
manantial de sentimientos.
Cuando canta enamora
y a el alma la estremece,
al quejío lo engrandece
y al corazón lo acalora.
Es cobijo para el duende
y luz sobre la aurora,
es tronío incontinente,
por el poder que atesora.
La prima y el bordón,
vibran de sentimiento,
ante su garra y talento,
en el espasmo de su voz.
Su melisma es intenso,
prieto y desgarrador,
cual susurros del diapasón
sobre azules firmamentos.
Y es que Huelva tiene gente,
que engrandecieron su Historia,
encumbraron su gloria
hasta lugares sorprendentes.
Y a esa gran trayectoria
de sus cantes valientes,
la aumenta constantemente,
el fandango de Victoria.